La mujer escribe y eso es lo que importa










16 de agosto de 2017

Diana Moncada, 3 poemas 3


Fotografía de Brooke Shaden


Soy un puñado de deseos en protesta.
Soy la marca del descenso al mar profundo.
La piel es vestidura que me pesa.
Los cabellos cubren lo que ya no deseo ocultar. 
Los muslos hacen erupción.
Las manos están borrachas de texturas obscenas. 
Los pies se van entregando
                          se van enterrando

                                         se van desarmando.



Fotografía de Anka Zhuravleva



VINE A PERDER

Vuelvo sobre la misma grieta como una máquina destartalada.
Vuelvo sobre el mismo error,
sobre la misma cacería de blancos espejos.

Vuelvo, aun sabiendo que la palabra me es sensualmente inútil,
aun sabiendo que no daré nunca con ningún maldito clavo
sabiendo que nada podré decir
sobre los lobos ahogados en la carroña de mi tedio.

Vine con el poema
-ciegamente-
a perder.




Fotografía de Amber Ortolano



¿Cuántas palabras ajenas
dormitan en mi lengua
a la espera de encontrar sus dueños?
Pobres palabras malheridas
              palabras infieles
                              palabras que soñaron con ser cuerpo
palabras que se alejaron de mí
                              y dejaron de ser mías





Diana Moncada
(Caracas, Venezuela, 1989)
Reside en Lima
POETA/PERIODISTA CULTURAL
para leer sus columnas en: REVISTA PHILOS
para leer más en: LA MAJA DESNUDA

15 de agosto de 2017

Marta Miranda, 3 poemas 3


Ilustración de Gabriella Barouch 



POSTAL

Quizá sea el momento
de tener una casa, un hogar
un perro que nos lama

Estampita
del álbum familiar
lejos del centro
tuvimos una casa
postal imperfecta
faltó siempre
el animal doméstico




Ilustración de Gabriella Barouch 



NAUFRAGIO

En la oscuridad
abrazada al cuerpo de otro
como a un madero,
en medio del naufragio
navego la noche oscura
pero amanece
y lo que es tocado por la luz
se convierte en polvo

Vuelvo a la opacidad del día
sin ángel ni cuerpo
sin una palabra espero la noche
porque en ella
obro el milagro
amarte nuevamente
transformar la cama
en cielo puro




Collage/Ilustración de Gabriella Barouch 


NO RECUERDO LA SONRISA DE MI PADRE

Aunque la enfermedad lo devoraba
siempre ponderé
la belleza de mi padre:
sus grandes ojos
sus manos alargadas
el aire irónico con que miraba el mundo

Desde su silla
si alguien cometía una torpeza,
cosa frecuente dado el lugar
las circunstancias,
si me miraba en esas circunstancias
sonreía calladamente
yo tomaba ese gesto como una señal de bienvenida,
de ser parte de su mundo

Sin embargo
no recuerdo su sonrisa, digo,
lo material
de su sonrisa

¿Sus dientes eran amarillos
o parejos?
En el recuerdo
la sensación es de felicidad
pero la imagen congelada
al mirarme
tiene sonrisa que ofrecemos al perro abandonado
que al cruzarnos en la calle nos sigue
mueve la cola, no nos muerde

Creo que es suficiente
con saber que mi padre sonreía
más allá del recuerdo
para poder creer en la regla de bondad
de todas las sonrisas
de todos los perros

de todos los padres de este mundo




Marta Miranda 
(Mendoza, Argentina, 1962)
Reside en Buenos Aires
POETA/GESTORA CULTURAL/DOCENTE
DIRECTORA DE VaPOESÍA ARGENTINA
de El lado oscuro del mundo, Editorial Bajo la Luna, 2015
para leer más en: ANALECTA LITERARIA
para leer una entrevista en: EL ORTIBA
su blog: LO QUE SE TOCA EN LA ORILLA

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